¡Nos casamos! ¿Por qué?


Siento decepcionarte pero no, no me caso. Aún así, sigue leyendo porque voy a hablarte del matrimonio, de porqué la gente se casa en nuestra cultura y en algunas otras y cuál es el papel histórico de la mujer en los matrimonios. ¿Te sigue interesando no? ¡Empecemos!

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Matrimonios “raros”

Vamos a hacer un rápido repaso por algunos tipos de matrimonio “raros” para entender porqué la gente se casaba y se sigue casando. Raros desde un punto de vista católico-occidental, claro, no es que yo los considere raros (bueno, algunos sí… lo entenderás cuando los leas todos).

Entre un hombre y varias mujeres (Poliginia): Los ejemplos más conocidos provienen de la cultura islámica o hindú. Pero no deja de sorprenderme que en Paraguay, después de la guerra contra Argentina, Brasil y Uruguay (1865 – 1870) en la que se calcula que murieron el 90% de los hombres en edad reproductiva, se adoptó una política de amor libre para compensar la falta de hombres. Por lo que un hombre se podía casar con varias mujeres para asegurar la procreación y la repoblación del territorio.

Entre una mujer y varios hombres (Poliandria): En algunos casos la mujer elige a sus compañeros, como en la etnia matriarcal de las mosuo (China), pero en otros casos la mujer es compartida en contra de su voluntad entre varios hermanos como, por ejemplo, en algunos lugares del sur de la India.

Entre dos hombres o entre dos mujeres: Esto que nos suena a nuevo y revolucionario no lo es tanto si tenemos en cuenta que los antiguos romanos aristócratas podrían casarse entre sí si eran hombres, que los antiguos griegos celebraban “ritos de amistad” entre hombres y que en Fujian (China) algunos hombres mayores se unían a chicos jóvenes para, después de unos años juntos, ayudarles a elegir una esposa.

Además, en Tanzania, muchas viudas sin hijos varones se casan con chicas jóvenes para conservar su herencia si éstas tienen hijos varones. Es una costumbre local que se respeta aunque va en contra de la prohibición de los matrimonios homosexuales en el país.

Entre hermanos y hermanas: En la Europa medieval, algunos hermanos (mujer y hombre) se casaban para conservar el patrimonio familiar. También los atenienses permitían el matrimonio entre hermanastros del mismo padre pero diferente madre y los espartanos permitían el matrimonio entre hermanastros de la misma madre y diferente padre. La mismísima Cleopatra estaba también casada con su hermano Ptolomeo XIII. Y si miramos a los Dioses… Osiris e Isis, los dioses egipcios, eran hermanos y hermana y marido y mujer. En la mitología griega, Zeus y Hera también. Y… ¿qué me decís de Adán y Eva?

Entre dos niños o entre nonatos: Como en el caso anterior, el matrimonio entre niña y niño servía/sirve para proteger herencias o dinastías. En algunas ocasiones los matrimonios se realizaban/realizan incluso antes de nacer estos niños. Según Unicef, quien lucha contra esta práctica desde hace años, en el mundo en desarrollo hay alrededor de 1/3 de mujeres de entre 20 y 24 años de edad casadas cuando niñas, sobretodo en Asia meridional y África Subsahariana.

Entre vivos y muertos: Como lo lees. Es el llamado matrimonio fantasma que, en la antigua China, servía para que una mujer que ganaba dinero gracias a su propio trabajo pudiera mantener su libertad financiera y, a la vez, disfrutar las ventajas sociales del matrimonio. Actualmente persiste esta tradición (minghun) para que el fallecido pueda casarse post-mortem y así asegurarle la felicidad en el más allá.

Entre hombre y mujer: Es el matrimonio con más arraigo cultural ya sea por la religión, por la biología, por la cultura o por la historia. Y, aún así, no está libre de “rarezas” en sus entrañas.

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¿Por qué casarse?

Conocer los diferentes tipos de matrimonio que os he explicado hasta ahora nos ayuda a entender que hubo (y hay) muchos y diferentes motivos para casarse: repoblar un territorio, conservar el patrimonio familiar o una herencia, preservar un estatus social, unir clanes, conseguir prestigio social, sobrevivir… y, evidentemente, el amor.

Casarse por amor es una práctica relativamente nueva que supuso la privatización de las relaciones y el aumento de los divorcios

La posibilidad de casarse por amor es bastante nueva, empezó a generalizarse en el S. XIX y supuso un cambio en el concepto de matrimonio porque pasó de ser un ente institucional basado en las necesidades de la sociedad, a un ente privado basado en las necesidades de los cónyuges.

Y todas las sociedades que han pasado de una cultura basada en el matrimonio por conveniencia a una cultura basada en el matrimonio por amor, han visto como se han disparado las tasas de divorcio.

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Matrimonios por amor, divorcios por desamor

Cuando una sociedad reclama casarse por amor, inmediatamente después reclama divorciarse por falta de amor. No me refiero a divorciarse por malos tratos, adulterio… esto ya estaba permitido en algunas sociedades donde los matrimonios eran por conveniencia. Me refiero a que, por primera vez en la historia, la gente se divorcia por falta de amor. Y es que los matrimonios por amor son tan frágiles como el amor mismo.

En los matrimonios por conveniencia no te casas con tu pareja sino con toda la comunidad

En los matrimonios por conveniencia no se tienen en cuenta únicamente las opiniones de los cónyuges sino que la presión de toda la comunidad hace perdurar en el tiempo esas relaciones. Cuando te casas por conveniencia no solo te casas con tu pareja sino que tienes un compromiso con toda la comunidad.

Y por eso los matrimonios por amor son tan frágiles, porque solamente la opinión de la pareja se tiene en cuenta para pedir el divorcio. ¿Quién más debería opinar en una cuestión tan privada como esta, verdad?

Pues hay algunas culturas que practican el matrimonio por amor, como los leu de Laos, que cuando una pareja (que se quiere) tiene problemas, se organiza una reunión con las dos familias para intentar solucionarlo y mantener el matrimonio unido. Si no se encuentra una solución, se organiza una reunión pública moderada por el consejo de sabios de la aldea. Y es entonces cuando un asunto privado se convierte en un asunto público donde los vecinos aportan ideas y se implican para que el matrimonio sobreviva. Si todo lo anterior falla, la pareja puede pedir el divorcio libremente.

Es importante remarcar que estas parejas se quieren y respetan, pero necesitan ayuda para mejorar su relación. No estamos hablando de parejas que no se quieren o se maltratan. En ese caso, mejor que nadie ayude a arreglar nada, divorcio y santas pascuas.

El carácter público o privado del matrimonio determina el tipo de relaciones que tenemos

Con este ejemplo solo quiero que reflexionemos sobre el carácter público y privado de las relaciones. Cuando las parejas (que se quieren, pero tienen dificultades) cuentan con el apoyo y ayuda de la comunidad, perduran en el tiempo de forma feliz porque la comunidad les ha dado las herramientas para mejorar su relación. Pero cuando las parejas (que se quieren) y sus problemas se aíslan de la sociedad, no hay nada que pueda salvarlas.

Y esto puede que no sea tan malo porque los divorcios permiten a las dos personas seguir su camino vital de forma libre y feliz. Pero puede que, con la ayuda de la comunidad, hubieran seguido un camino vital juntos igual de libre y feliz.

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Con todo este master que me acabo de marcar sobre el matrimonio llego a la misma conclusión a la que llegué con el post sobre los adolescentes: necesitamos de la tribu para sobrevivir.

Y por si alguien se está preguntando porqué leches me ha dado por meterme en este embolao, os diré que estoy leyendo el libro Comprometida de Elizabeth Gilbert (la segunda parte de Come, reza, ama) y que precisamente habla sobre el matrimonio des de la antropología y la historia.

Me ha hecho reflexionar sobre todo este tema desde un punto de vista casi filosófico y he creído que a alguien más le podría interesar. Así que si has leído hasta aquí, puedes compartir tu opinión en los comentarios para que sepa que hay alguien al otro lado ; ).

 


Este post se podría haber titulado:

  • Casados a primera misa
  • Hasta que la vida os separe
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Photo by: Paul García

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